Si buscas una escapada que te cambie de aires de verdad, pon rumbo al sur de Francia y al pueblo de Saint-Guilhem-le-Désert, a unas tres horas y media de París. Enclavado en el corazón de las gargantas del Hérault, este pequeño pueblo medieval atrae tanto por su patrimonio como por su espectacular entorno. Entre acantilados de piedra caliza, el río, callejuelas empedradas y una abadía milenaria, el entorno casi da la impresión de estar aislado del resto del mundo.
Un espectacular pueblo medieval
Situado a unos cuarenta minutos de Montpellier, Saint-Guilhem-le-Désert es conocido sobre todo por su abadía de Gellone, fundada en el siglo IX. Es en torno a ella donde se ha desarrollado el pueblo a lo largo de los siglos. La abadía forma parte hoy en día del patrimonio mundial de la UNESCO dentro de los caminos de Santiago de Compostela.

En el centro histórico, algunas calles son muy estrechas, otras desembocan en pequeñas plazas muy animadas cuando hace buen tiempo. Pasas por delante de casas medievales, talleres, algunas tiendas de artesanía y pasajes cubiertos de vegetación.
A su alrededor, los acantilados rodean casi por completo Saint-Guilhem-le-Désert y hay varios senderos que te permiten subir un poco de altura. Incluso sin hacer una gran ruta de senderismo, bastan unos minutos para disfrutar de unas vistas preciosas de los tejados y los valles de los alrededores.

La otra gran ventaja de la zona es la cercanía a las gargantas del Hérault. En verano, muchos visitantes alternan la visita al pueblo con un descanso a orillas del río. El Pont du Diable, situado a pocos kilómetros, sigue siendo uno de los lugares más conocidos para bañarse o practicar piragüismo.
Saint-Guilhem-le-Désert es uno de esos lugares en los que no hace falta planificar un montón de actividades. Se viene sobre todo para pasear, contemplar el paisaje, tomarse su tiempo para comer en una terraza y disfrutar del entorno. Una escapada sencilla, pero especialmente recomendable en cuanto llegan los días bonitos.
📍Saint-Guilhem-le-Désert