Para llegar al pueblecito de Périllos, una pequeña carretera sinuosa atraviesa los paisajes áridos de las Corbières antes de ascender hacia esta aldea aislada, perdida entre colinas y acantilados de piedra caliza. Al llegar, el paisaje te sorprende de inmediato. Unas cuantas casas de piedra, ruinas cubiertas de maleza, un silencio casi total y esa extraña sensación de estar en el fin del mundo.
Situado en el municipio de Opoul-Périllos, en la frontera entre el Aude y los Pirineos Orientales, el pueblo está hoy prácticamente abandonado. Sin embargo, Périllos fue durante mucho tiempo un auténtico lugar lleno de vida. Durante siglos, esta pequeña comunidad vivió principalmente de la agricultura y la ganadería, a pesar de un entorno particularmente duro y aislado.

La historia del pueblo se remonta a la Edad Media. En aquella época, Périllos formaba parte de una región estratégica entre el reino de Francia y el reino de Aragón. Los relieves de los alrededores servían tanto de protección natural como de puesto de observación. Varias familias señoriales se sucedieron entonces en la zona, entre ellas la familia de Périllos, que daría nombre al pueblo.
Pero lo que más destaca en la historia reciente del lugar es su progresivo declive. Con el éxodo rural y las dificultades de acceso, los habitantes fueron abandonando poco a poco el pueblo a lo largo del siglo XX. Falta agua, las carreteras siguen siendo complicadas y la vida se vuelve cada vez más difícil en este entorno aislado. A partir de los años 70, Périllos se vació casi por completo. Algunas casas se derrumbaron, otras simplemente permanecieron cerradas durante años.

Hoy en día, precisamente ese ambiente tan especial atrae a visitantes curiosos por descubrir este pueblo casi congelado en el tiempo. Al pasear por las callejuelas, aún se pueden ver las antiguas construcciones de piedra, restos de hornos, pasajes abovedados o fachadas parcialmente derruidas.
Pero Périllos no está del todo abandonado. Desde hace unos años, varios proyectos buscan devolverle un poco de vida a la aldea, con la restauración de casas y algunos eventos culturales puntuales. Algunos habitantes han ido regresando poco a poco, atraídos precisamente por la tranquilidad y el carácter único del lugar.
El entorno que rodea el pueblo también contribuye en gran medida a su identidad. Las Corbières ofrecen aquí paisajes muy salvajes, entre garriga, acantilados y grandes espacios azotados por el viento. Los amantes del senderismo conocen bien la zona por sus senderos poco transitados y sus espectaculares vistas panorámicas de los relieves circundantes.
A unos 40 minutos de Perpiñán, Périllos es uno de esos lugares difíciles de comparar con nada. Ni un auténtico pueblo turístico, ni una simple ruina abandonada, el lugar conserva algo bastante crudo y misterioso.
📍Périllos