Cuando se habla de los grandes espacios verdes que rodean París, la mirada suele dirigirse hacia Fontainebleau, Rambouillet o el bosque de Vincennes. Sin embargo, en Seine-Saint-Denis, un parque de 65 hectáreas ofrece una cara totalmente diferente de la Île-de-France. Situado en Neuilly-sur-Marne, el parque departamental de la Haute-Île es un auténtico remanso de naturaleza, enclavado en el último meandro no urbanizado del Marne.
Una reserva natural de 65 hectáreas
Aquí no hay jardines franceses ni largos senderos perfectamente trazados. El paisaje se ha dejado deliberadamente lo más cerca posible de su estado natural. Zonas húmedas, praderas, bosques y lagos se suceden en un entorno que recuerda a las antiguas llanuras de la región. Esta elección de diseño le ha valido al lugar su clasificación como espacio Natura 2000, debido a su excepcional riqueza ecológica.
El parque se ha convertido en un refugio para numerosas especies de aves. A lo largo de los años se han censado más de 170 especies, desde garzas reales hasta martines pescadores, pasando por somormujos, cernícalos o cisnes. Para observarlas sin molestarlas, hay seis miradores de madera repartidos a lo largo de los senderos. Bastan unos minutos para olvidarte de que estás en plena metrópoli parisina.
Pero la Haute-Île te reserva otra sorpresa, mucho más inesperada. En el corazón del parque hay un yacimiento arqueológico, el único de este tipo en Île-de-France. Surgió tras unas importantes excavaciones que sacaron a la luz restos que datan del Mesolítico y el Neolítico, así como el túmulo funerario más antiguo descubierto en Seine-Saint-Denis. Hoy en día, se han reconstruido varios asentamientos prehistóricos y hay talleres donde los visitantes pueden descubrir las técnicas que usaban los primeros habitantes de la región: encender fuego, tallar sílex o fabricar objetos cotidianos.

Esta doble identidad es lo que le da todo el encanto al lugar. Por un lado, una reserva natural donde se preserva cuidadosamente la biodiversidad. Por otro, un auténtico viaje en el tiempo que narra los primeros asentamientos a orillas del Marne.
Se recorren a pie o en bici; los senderos serpentean entre estanques, cañaverales y grandes praderas, con vistas despejadas de vez en cuando hacia el Marne. A diferencia de otros espacios verdes de la región de Île-de-France, que suelen estar muy concurridos, aquí el ambiente sigue siendo especialmente tranquilo, incluso los fines de semana.
El departamento también organiza allí numerosas actividades gratuitas a lo largo del año: paseos naturalistas, iniciaciones a la ornitología, talleres de arqueología, salidas en bici o incluso descubrimientos de la fauna local. ¡Una forma de redescubrir un territorio por el que muchos pasan sin imaginar que alberga uno de los espacios naturales más destacados de la región parisina!
Parque departamental de la Haute-Île