A menos de una hora de París, algunos pueblos te dan inmediatamente la sensación de haber cambiado de época. Montfort-l’Amaury, en Yvelines, es uno de ellos. Enclavado a las puertas del bosque de Rambouillet, este pequeño pueblo con carácter seduce con sus calles empedradas, sus fachadas antiguas, sus vestigios medievales y su ambiente tranquilo. Un destino ideal para tomar el aire sin alejarte demasiado.
Este pueblo medieval es la escapada primaveral perfecta
En el corazón del centro histórico, te paseas entre casas de piedra, pequeñas plazas discretas y tiendas ubicadas en bonitos edificios antiguos. El conjunto ha conservado una verdadera coherencia arquitectónica, lo que hace que el paseo sea especialmente agradable. Aquí se pasea sin un itinerario concreto, simplemente siguiendo las callejuelas y las vistas que se abren hacia las alturas del pueblo.
En cuanto a su historia, el municipio debe su nombre a la familia de Montfort, un poderoso linaje señorial de la Edad Media. La ciudad se desarrolló en torno a un castillo fortificado construido a partir del siglo X. Hoy en día, quedan varios vestigios de ese pasado, entre ellos la famosa torre Anne-de-Bretagne, encaramada en las alturas.
Además, una vez arriba, la vista se abre sobre los tejados del pueblo, la campiña de Yvelines y el bosque de Rambouillet. Es uno de los panoramas más bonitos de la zona, especialmente apreciado en primavera y otoño. Los senderos que rodean el pueblo te permiten, además, prolongar fácilmente el paseo en plena naturaleza.

Otro monumento imprescindible: la iglesia de Saint-Pierre, que destaca por sus dimensiones y sus vidrieras renacentistas. Su impresionante aspecto contrasta con el tamaño del pueblo y da testimonio de la riqueza pasada de la ciudad. A pocos pasos, también se descubre el antiguo claustro del cementerio, otra curiosidad patrimonial del centro histórico.
Montfort-l’Amaury también cuenta con una bonita página cultural gracias a Maurice Ravel. El compositor se instaló aquí en 1921 en su casa bautizada como Le Belvédère, donde vivió hasta 1937. Esta vivienda, convertida en museo, se puede visitar con reserva previa y conserva numerosos objetos personales, así como el universo íntimo del músico. Fue precisamente aquí donde compuso varias obras importantes, entre ellas el famoso Bolero.
En el corazón del pueblo, hay varias terrazas, salones de té, restaurantes y pequeñas tiendas que completan a la perfección una excursión de un día. El ambiente sigue siendo elegante sin resultar rígido, con ese toque residencial chic típico del oeste de la región parisina.
En cuanto al acceso, se llega fácilmente a Montfort-l’Amaury en tren desde París-Montparnasse pasando por la estación de Montfort-l’Amaury – Méré, y luego unos minutos en autobús o en coche. Calcula entre 45 minutos y 1 hora, dependiendo del trayecto.
Montfort-l’Amaury es uno de esos destinos que funcionan en cualquier época del año. La gente viene por el patrimonio, para pasear, por el bosque o simplemente para cambiar de aires durante un día.
📍Montfort-l’Amaury