Famoso por sus impresionantes vistas sobre el Sena y sus magníficas puestas de sol, el Pont des Arts también ha sido testigo de la evolución de una romántica tradición: los candados del amor. Desde principios de los años 2000 hasta su retirada en 2015, le contamos la historia de esta tradición.
¿De dónde viene la tradición de los candados del amor en el Puente de las Artes?
La historia de los candados del Pont des Arts se remonta a principios de la década de 2000. Inspirada en una antigua tradición china, esta costumbre ha encontrado un lugar especial en los corazones de los enamorados parisinos y de los visitantes de todo el mundo. La idea era sencilla pero simbólica: las parejas escribían sus nombres o iniciales en un candado, lo fijaban a las puertas del puente y luego arrojaban la llave al Sena. Este gesto representaba su compromiso eterno y la solidez de su amor. En el apogeo de esta tradición, había decenas de miles de candados atados.
La locura por esta práctica transformó rápidamente el Puente de las Artes en un museo del amor al aire libre. Miles de candados de todas las formas y tamaños adornaban las barandillas del puente, creando una obra de arte efímera colectiva.
Sin embargo, en 2014, el peso colosal de los miles de candados (se contaban por decenas de toneladas) amenazaba la integridad estructural del puente. Por ello, las autoridades municipales tomaron la difícil pero necesaria decisión de retirar todos los candados. Esta medida provocó reacciones encontradas, desde la tristeza por la pérdida de esta tradición hasta el alivio por la conservación del patrimonio del puente.
A pesar de esta intervención, el espíritu de los candados del amor no ha desaparecido. Las autoridades han animado a los enamorados a expresar su amor de formas más respetuosas con el medio ambiente, utilizando alternativas creativas. Cintas de colores, mensajes escritos en pizarras y candados virtuales han ido sustituyendo a los candados físicos, preservando el espíritu romántico del Pont des Arts.
Hoy en día, el Pont des Arts sigue siendo el lugar ideal para los enamorados que buscan una experiencia romántica en París. Aunque los candados físicos han desaparecido en favor de las ventanas de plexiglás, su legado perdura y un paseo por el emblemático puente sigue siendo una gran idea para dos.
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