El bosque de Carnelle es conocido sobre todo por sus senderos, su dolmen prehistórico o sus grandes avenidas arboladas. Sin embargo, al adentrarse un poco en el macizo, te topas con un paisaje mucho más inesperado. Entre los árboles aparecen varios estanques con reflejos azulados que casi dan la impresión de haber cambiado de región. A menos de una hora de París, es uno de los rincones más tranquilos del Val-d’Oise para dar un paseo por la naturaleza.
Un bosque con mil tesoros a un paso de París
Situado entre Presles, Saint-Martin-du-Tertre y Asnières-sur-Oise, el bosque de Carnelle alberga , entre otros, dos lagos muy conocidos: el Lago Azul y el Pequeño Estanque. Ambos se encuentran en antiguas canteras de marga y yeso explotadas durante los siglos XIX y XX. Este origen explica su profundidad, pero también su color tan particular, que les ha valido su nombre. Hoy en día, estos lugares están gestionados por la federación de pesca del Val-d’Oise y se puede acceder a ellos todo el año.
Pero lo más sorprendente está en otra parte: al observar la zona desde las alturas o en un mapa, se descubre otra pequeña masa de agua cuyos contornos dibujan casi a la perfección… un corazón. Escondida en medio de la vegetación, esta masa de agua se ha convertido en una de las pequeñas y discretas curiosidades del bosque.

Alrededor de los estanques, el ambiente cambia por completo según la estación. En primavera y verano, los reflejos en el agua contrastan con las hayas y los castaños del bosque. En otoño, los colores hacen que la zona sea especialmente fotogénica. El bosque de Carnelle tiene una extensión de casi 1000 hectáreas y forma parte de los grandes macizos del Val-d’Oise junto con Montmorency y L’Isle-Adam.
Otra ventaja de la zona es que sigue siendo relativamente tranquila a pesar de su proximidad a París. Muchos vienen a dar un paseo de unas horas antes de seguir hasta la Pierre Turquaise, el dolmen más grande de Île-de-France, que también se encuentra en el bosque.
A unos 40 minutos de París en coche o con la línea H, los estanques de Carnelle ofrecen una escapada bastante diferente de las clásicas de la región parisina. Una mezcla de bosque, agua y rincones escondidos que te dan ganas de volver una y otra vez.
📍Bosque de Carnelle