En París, desde hace unos años, Bachir es uno de esos sitios muy apreciados ante los que siempre hay cola. Ya sea cerca del Centro Pompidou o a los pies de la colina de Montmartre, los transeúntes suelen pararse por la misma razón: probar ese famoso helado libanés recubierto de pistacho que ha conquistado tanto a las redes sociales como a los amantes de los postres.
Un helado de pistacho que tiene a todo París en vilo
Para entender este fenómeno, hay que remontarse mucho antes de que la marca llegara a París. La historia empieza en 1936 en el pueblo de Bikfaya, en el corazón de las montañas libanesas. Allí, los hermanos Édouard y Maurice Bachir elaboran sus primeras recetas en la cocina familiar, con la ayuda de sus esposas. El éxito no se hace esperar y la pequeña tienda se convierte poco a poco en toda una institución local. Aún hoy, la familia regenta varias decenas de locales en el Líbano.
La especialidad que ha dado fama a la casa se llama «achta». Este helado a base de nata está aromatizado con flor de azahar, a veces con un toque de agua de rosas o de mastique, una resina que se usa tradicionalmente en la repostería oriental. Pero lo que la hace inconfundible es su generosa capa de pistachos picados que cubre por completo el cucurucho.

Cuando las descendientes de la familia decidieron importar el concepto a Francia, optaron por conservar ese legado al tiempo que adaptaban la producción al mercado francés. Así, la primera heladería parisina abrió sus puertas en 2017. En poco tiempo, el boca a boca hizo su trabajo y el local se convirtió en una de las heladerías más visitadas de la capital.
Bachir destaca por sus helados con certificación ecológica, elaborados según las recetas históricas de la familia. Un enfoque que contrasta con el de muchas heladerías más tradicionales y que contribuye a su identidad. Por supuesto, el «achta» sigue siendo la estrella indiscutible de la casa. Pero los clientes habituales también se dejan seducir por otros sabores inspirados en Oriente Medio o por los sorbetes que se ofrecen según la temporada.
En una ciudad donde las heladerías se cuentan por decenas, Bachir ha conseguido destacar gracias a una receta de casi un siglo de antigüedad y a una identidad que se reconoce al instante. Un simple helado de nata, unos puñados de pistachos y mucho saber hacer: a veces, no hace falta más para convertirse en toda una institución parisina.
📍Bachir – 7, rue Tardieu, 75018 y 58, rue Rambuteau, 75004