Cuando piensas en los rincones naturales más bonitos de los alrededores de París, rara vez te imaginas una antigua cantera. Sin embargo, esa es la historia de Grand-Voyeux, en Seine-et-Marne. A una hora de la capital, este paraje de 241 hectáreas está hoy cubierto en un 60 % por agua y alberga una biodiversidad excepcional. Con sus estanques, sus cañaverales y sus miradores, hay quien incluso lo compara con una pequeña Bahía de Somme de la región de Île-de-France.
Una reserva natural ideal para desconectar de París
Cuesta imaginar que aquí antes se extraía arena y grava. Durante varias décadas, las máquinas excavaron el suelo, dejando tras de sí enormes cavidades. Poco a poco, el agua ha ido llenando esas depresiones, los juncos han colonizado las orillas y las aves se han instalado. La naturaleza ha recuperado su espacio hasta tal punto que el lugar se ha convertido en una reserva natural regional, integrada en la red Natura 2000.

Aquí, el recorrido discurre entre los estanques, los prados húmedos y los juncales, con varios miradores de madera que te permiten observar la fauna sin molestarla. Ya se han censado más de 225 especies de aves , entre las que se encuentran el martín pescador, el aguilucho lagunero, la garza azul o el zampullín cuellirrojo. Según la temporada, el paisaje cambia por completo con la llegada de las aves migratorias o durante los periodos de nidificación.
El Grand-Voyeux se ha conservado a propósito y las visitas están controladas para no molestar a la fauna. Hay que reservar para entrar en la reserva, donde un guía acompaña a los visitantes al principio del recorrido antes de dejarlos seguir por su cuenta.
Entre los juncos, los estanques y las aves, la reserva del Grand-Voyeux es uno de esos lugares aún poco conocidos que dan la sensación de estar mucho más lejos que la Île-de-France.
📍Lugar: Reserva del Grand-Voyeux – Rue du Stade, 77440 Congis-sur-Thérouanne