A pocas horas de París, entre estanques, avenidas arboladas y la tranquilidad de la región de Perche, nos espera un curioso edificio con sus muros de piedra perforados por ventanas… sin techo, sin suelos y casi sin interior. El castillo de La Ferté-Vidame, en Eure-et-Loir, es uno de esos lugares que impresionan de inmediato, precisamente porque ya no es del todo un castillo.
Un castillo en ruinas a una hora y media de París
A unas 1h30 de París, el lugar atrae hoy por sus ruinas monumentales, pero su historia es aún más espectacular. La existencia de un castillo está documentada aquí desde el siglo X. Más tarde, la finca pasó a ser propiedad de la familia Saint-Simon: fue precisamente aquí donde Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon, famoso memorialista de la corte de Luis XIV, se alojó y redactó parte de sus famosas Memorias.

Sin embargo, el castillo que vemos hoy no es el de Saint-Simon. En 1764, el acaudalado financiero Jean-Joseph de Laborde compró la finca y decidió reconstruirlo todo. Mandó derribar la antigua fortaleza medieval para edificar un inmenso palacio clásico diseñado por el arquitecto Antoine-Mathieu Le Carpentier. El conjunto se vuelve gigantesco: casi 150 metros de fachada, un parque de varios cientos de hectáreas y una finca concebida como uno de los grandes conjuntos paisajísticos del siglo XVIII.
Pero este esplendor no durará mucho: llega la Revolución, la finca cambia de manos y el castillo se va desmantelando poco a poco. Se recuperan piedras, materiales y elementos decorativos, hasta dejar solo esta inmensa estructura de piedra al aire libre.
Y eso es precisamente lo que hoy en día le da el encanto al lugar. A diferencia de muchos castillos restaurados, La Ferté-Vidame conserva un aire casi romántico. Las ruinas se reflejan en los estanques, las antiguas perspectivas del parque aún son visibles y las dimensiones del edificio permiten imaginar fácilmente la desmesura del proyecto inicial.

Alrededor de las ruinas, la finca se descubre a través de sus estanques, canales, grandes prados y senderos forestales que alargan fácilmente el paseo. El conjunto resulta especialmente agradable en primavera y a principios de verano, cuando la vegetación recupera su protagonismo alrededor de las ruinas.
El lugar también esconde otra historia más inesperada: en el siglo XX, Citroën utilizó parte de la finca como centro de pruebas de automóviles, actividad que aún hoy se lleva a cabo en algunas zonas de la finca.
Menos conocido que los grandes castillos del Loira, pero probablemente más singular, La Ferté-Vidame ofrece una escapada completamente diferente. Aquí no son las salas restauradas ni los aposentos reales lo que atrae, sino precisamente lo que queda: una silueta inmensa, inacabada y casi irreal en medio del paisaje.
📍Castillo de La Ferté-Vidame – Place du Vieux Marché, La Ferté-Vidame