A unas 3 horas y media en avión desde París, la región de Meteora, en el centro de Grecia, ofrece una escapada fuera de lo común. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el lugar es famoso por sus monasterios construidos en la cima de enormes picos rocosos. Un espectacular escenario natural que da la impresión de estar ante un paisaje irreal.
Un lugar legendario a tres horas y media de París
Las Meteoras se encuentran cerca de la pequeña ciudad de Kalambaka, al norte de Atenas. Para llegar desde París, lo más sencillo es tomar un vuelo a Atenas o Tesalónica y luego llegar a la región en tren o en coche. El trayecto final atraviesa llanuras y montañas antes de dejar ver estas impresionantes formaciones rocosas, que se elevan a más de 400 metros de altura.
En un principio, estas rocas sirvieron de refugio a los monjes ortodoxos a partir del siglo XIV. En aquella época, buscaban un lugar aislado para dedicarse a la oración y a la vida monástica. Los primeros edificios se construyeron en condiciones extremas, a veces izando los materiales con cuerdas y poleas. A lo largo de los siglos, se construyeron una veintena de monasterios. Hoy en día, seis siguen en activo y abiertos al público.
Cada monasterio tiene su propia atmósfera. El Gran Meteora, el más grande, alberga un museo y una iglesia decorada con frescos bizantinos. El monasterio de Varlaam impresiona por su posición dominante y sus cúpulas rojas. El de Roussanou parece casi en equilibrio sobre su estrecha roca. Todos ellos ofrecen unas vistas panorámicas excepcionales del valle circundante.
Más allá del aspecto religioso, Meteora también seduce por sus paisajes. Las rutas de senderismo alrededor de las rocas permiten observar los monasterios desde diferentes ángulos, especialmente al amanecer o al atardecer. La luz dorada sobre los acantilados crea un ambiente único, muy diferente según la estación del año.
Para un fin de semana largo o una estancia corta, Meteora ofrece una escapada impresionante desde París. Entre patrimonio histórico, panorámicas espectaculares y una inmersión en la cultura ortodoxa griega, esta escapada combina naturaleza y arquitectura excepcional.

