A menos de tres horas de París, Brujas cumple todos los requisitos de la escapada ideal: canales, callejuelas empedradas, fachadas flamencas y ese ambiente atemporal que te hace sentir como si hubieras cambiado de época. Conocida como la «pequeña Venecia del Norte», esta ciudad belga es la escapada perfecta para un fin de semana diferente, romántico y fácil de organizar.
Una escapada al corazón de la Pequeña Venecia del Norte
Desde París, basta con coger un tren que salga de la estación del Norte, hacer transbordo en Bruselas y, en apenas unas horas, verás cómo cambia el paisaje: se acabaron las avenidas ruidosas y dan paso a los tranquilos canales, las casas flamencas, los pequeños puentes de piedra y las fachadas medievales que se reflejan en el agua.

Para descubrir Brujas de la mejor manera posible, tendrás que recorrer sus canales. En barco, ves la ciudad de otra forma: las casas de ladrillo, los puentecitos, los jardines escondidos tras las fachadas… Ese es el plan perfecto para hacerte una idea de cómo es la ciudad.
Con sus casas de colores, sus terrazas y su campanario, el Markt es uno de los puntos de referencia centrales de Brujas y, como es lógico, atrae a mucha gente, sobre todo durante el día. Pero el encanto de la ciudad también se encuentra justo al lado, en las calles más tranquilas. Caminando unos minutos, puedes bordear un canal más tranquilo, toparte con un pequeño patio o llegar al Beguinaje, un lugar mucho más apacible, casi aislado del resto de la ciudad.

Otro de los puntos fuertes de Brujas es que puedes visitarla en cualquier época del año. En invierno, el ambiente es más acogedor, sobre todo cuando los cafés se llenan y te paras a tomarte un chocolate caliente o un gofre. En verano, la ciudad se descubre más despacio, al final del día, cuando las terrazas siguen abiertas y los muelles se vuelven más agradables para pasear. Incluso bajo la lluvia, Brujas conserva su encanto: los adoquines brillan, los canales adquieren otro color y casi tienes una buena excusa para pasar más tiempo en las chocolaterías.
En resumen, entonces entiendes por qué esta escapada gusta tanto: es fácil de organizar desde París, te saca de tu rutina y es tan bonita que te da la sensación de haberte ido mucho más lejos.