A primera vista, el castillo de Groussay parece una elegante mansión de campo del siglo XIX. Sin embargo, detrás de sus fachadas clásicas se esconde una finca completamente diferente. Una pagoda china a la orilla del agua, un puente palladiano, una pirámide, un teatro al aire libre o incluso una tienda tártara: este parque de treinta hectáreas a veces da más la impresión de estar recorriendo varios países que de estar paseando por los Yvelines.
Un parque de 30 hectáreas lleno de sorpresas
Situado en Montfort-l’Amaury, a menos de una hora de París, el castillo fue construido en 1815 para la duquesa de Charost, hija de Madame de Tourzel, institutriz de los hijos de Luis XVI y María Antonieta. Pero el lugar debe su reputación sobre todo al hombre que lo transformó en el siglo XX: Charles de Beistegui.

Coleccionista, decorador y gran amante del arte de vivir, Beistegui compró Groussay en 1938 y se propuso transformar por completo la finca. Amplió el castillo, creó un teatro privado, construyó nuevas alas y, sobre todo, diseñó un parque espectacular inspirado en los jardines del siglo XVIII.
Entre los años 1950 y 1970, mandó construir una serie de «folies», esos edificios decorativos que antes estaban muy de moda en los grandes jardines aristocráticos. Con la ayuda del arquitecto Emilio Terry y del pintor Alexandre Serebriakoff, creó un paisaje totalmente fantasioso en el que se entrecruzan referencias a China, Italia, Egipto o incluso al norte de Europa.
Entre las construcciones más impresionantes se encuentran la pagoda china, situada en una isla artificial, la espectacular tienda tártara cubierta de miles de azulejos de Delft, o incluso el puente palladiano, inspirado en modelos venecianos e ingleses. Más allá aparecen una pirámide de ladrillos rosas, un templo del laberinto o una inmensa columna-observatorio inspirada en la columna Vendôme.

El parque funciona casi como una sucesión de decorados. Detrás de cada bosquecillo o cada avenida aparece una nueva sorpresa. Esta puesta en escena explica en gran parte por qué Groussay se considera hoy uno de los ejemplos más destacados de jardín de fábricas en Francia. Además, la finca cuenta con la distinción de Jardín Notable y el conjunto está clasificado como monumento histórico desde 1993.
El propio castillo también cuenta con una importante historia cultural. Su teatro privado acogió, entre otros, a la Comédie-Française a partir de 1957 y por él han pasado numerosas personalidades del mundo artístico a lo largo de las décadas.
A solo unos minutos del centro de Montfort-l’Amaury y de la casa de Maurice Ravel, Groussay sigue siendo una de las escapadas más singulares de Île-de-France.
📍Castillo de Groussay – Montfort l’Amaury