Es sin duda uno de los rincones más insólitos, pero también de los que más te transportan a otro mundo, de la finca del Palacio de Versalles. Construida entre 1783 y 1786, la aldea de la Reina es un lugar decadente que merece la pena visitar al menos una vez. Entre sus bonitas casitas con techos de paja, su molino y su entorno romántico, parece sacado directamente de un sueño…
La aldea de la Reina: la falsa granja de María Antonieta en el corazón de la finca de Versalles
Este lugar, ideal para pasear y también para las recepciones privadas de la reina María Antonieta, es extraordinario en todos los sentidos. Construida en forma de semicírculo alrededor de un estanque artificial, esta aldea representa un pueblo rural de ensueño, muy de moda en el siglo XVIII. Si bien otras fincas, como el castillo de Chantilly, contaban con una, la del dominio del castillo de Versalles es sin duda la más notable.

Allí hay bonitos salones de recepción ricamente decorados, un molino falso, un tocador, la casa de la Reina o incluso una sala de billar. Al contrario de lo que se podría pensar, la reina no jugaba en absoluto a ser una granjera. Al contrario, aprovechaba la tranquilidad del lugar para invitar a sus amigos más cercanos, liberarse un poco de las etiquetas y pasear con sus hijos por la granja, que tenía una verdadera función educativa.

Aún hoy, la aldea de la Reina te maravillará por su entorno bucólico, que cambia como un cuadro al ritmo de las estaciones. Con entrada gratuita para menores de 26 años, te cautivará por su belleza, su tranquilidad y su entorno encantador.