En la calle Keller, una melodía pegadiza y el sonido seco de las zapatillas sobre el parqué se escapan por una puerta abierta de par en par. A la entrada de Swing Tap, los transeúntes pueden ver a un pianista tocando un piano vertical de color rojo vivo. Justo detrás de él, dentro del local, un grupo de alumnos ensaya al ritmo de una coreografía de claqué americano.
Este lugar tan singular hace las veces tanto de tienda especializada como de estudio de baile. A lo largo de las paredes, hay cientos de cajas de zapatos apiladas hasta el techo. Es en medio de este decorado atípico, bajo lámparas de araña clásicas y rodeados de pilares pintados de rojo, donde los bailarines siguen la clase mientras marcan el ritmo que marca la música en directo.
Una iniciación práctica para principiantes
Un cartel colocado en la acera, frente a la fachada roja del número 21, detalla el programa del centro. La escuela te invita a probar esta disciplina con clases de prueba que cuestan 20 euros. Cada sesión dura una hora y media. El cartel aclara que no hace falta que traigas tu propio material, ya que la escuela te presta las zapatillas justo antes de que empiece la clase.
Para los curiosos que quieran animarse, las clases de nivel 1 para principiantes se reparten a lo largo de la semana. Los horarios incluyen franjas al final del día, a las 18:45 los lunes y jueves, y a las 20:15 los miércoles. También hay sesiones matutinas los viernes a las 9:45 y los sábados a las 10:00.
La distribución diáfana de la tienda-escuela hace que la energía de la clase en directo y las notas del piano se sumen de lleno al bullicio de la calle.