Si buscas una escapada realmente diferente desde París, es difícil encontrar algo más radical que Reine. Tras unas horas de vuelo y de carretera, cambias los tejados de la capital por los fiordos, las cabañas rojas y las montañas de las islas Lofoten. Este pequeño pueblo noruego requiere un poco de organización, pero te ofrece un cambio de aires total, sobre todo entre finales de primavera y pleno verano.
Allí, el paisaje es una mezcla curiosa: unos 300 habitantes, cabañas rojas de pescadores a orillas del agua y montañas que casi empiezan justo detrás de las casas.
Un pueblo de pescadores de unos 300 habitantes entre el lago y las montañas

El pueblo se extiende por varias islas pequeñas unidas por puentes y una carretera estrecha. Por un lado está el Vestfjord y por el otro, el Reinefjord. La pesca sigue siendo una actividad importante, con instalaciones dedicadas a la recepción y transformación del pescado. Así que Reine no es un decorado montado para los visitantes: la gente de aquí trabaja todo el año, y la oficina de turismo te recuerda que respetes las zonas de trabajo y las propiedades privadas.
Los famosos rorbuer, símbolos del pueblo y esas cabañas rojas que aparecen en todas las fotos de las Lofoten, acogían antiguamente a los pescadores que venían a participar en la gran temporada del bacalao. Desde entonces, muchas se han renovado y transformado en alojamientos, sobre todo alrededor del puerto.

Para los amantes del senderismo, la ruta de Reinebringen reúne gran parte de las vistas de postal del pueblo. La cima alcanza los 484 metros y domina los islotes, los puentes y el Reinefjord. El recorrido solo mide unos dos kilómetros ida y vuelta, pero la pendiente se acerca en algunos tramos a los 45 grados. Así que tienes que contar con una o dos horas, evitar el calzado ligero y no intentarlo en invierno, época en la que se desaconseja totalmente el ascenso por motivos de seguridad.
Otro día lo puedes dedicar, por ejemplo, a la playa de Bunes. El barco sale de Reine y cruza el fiordo hasta el diminuto pueblo de Vindstad. Después hay que caminar unos 3 kilómetros para llegar a esta gran playa rodeada de montañas, en pleno corazón del parque nacional de Lofotodden.
Con su paisaje de infarto, Reine es uno de los destinos más idílicos de Europa. Entre lagos, montañas y paisajes nórdicos, es una escapada que hay que ganarse, ¡pero que merece muchísimo la pena!