A unos cien kilómetros al sureste de París, puedes descubrir un pueblo donde casi todas las calles parecen llevar al agua. Atravesado por el Orvanne, Flagy ha conservado un trazado medieval muy particular, marcado por siete puentes o pasarelas. En 2023, este pequeño pueblo de Seine-et-Marne incluso representó a Île-de-France en el programa «Le Village préféré des Français».
Siete calles que bajan hacia el mismo río

En 1177, Luis VII decidió crear allí una «ciudad nueva», organizada según un plano regular. Las calles se trazaron en paralelo y bajan hacia el Orvanne, cuyo cauce se acondicionó para alimentar molinos, regar los jardines, dar de beber a los animales y permitir a los vecinos lavar la ropa.
Así que el paseo sigue naturalmente el curso del río. Pequeños puentes unen ambas orillas, aparecen lavaderos entre las casas y los jardines a veces llegan hasta el agua. El paisaje no tiene nada de monumental, pero el conjunto forma un «pueblo con carácter» que quedó en duodécimo lugar en la clasificación nacional presentada por Stéphane Bern en 2023.
Si sales de París, esta escapada se puede combinar fácilmente con una visita a Moret-sur-Loing o con un paseo por el sur del bosque de Fontainebleau. Sin embargo, Flagy merece que te tomes tu tiempo para recorrer sus calles sin preocuparte por cumplir un programa. La plaza de la iglesia, las antiguas granjas, el Bistrot de l’Orvanne y las orillas del río bastan para disfrutar de un tranquilo paseo, lejos de los pueblos turísticos.
Un molino del siglo XIII y una veleta diferente a las demás

A las afueras del centro, el Molino de Flagy es uno de los principales testimonios del pasado medieval del pueblo. Terminado a finales del siglo XIII, se dice que perteneció a Blanca de Castilla. Su rueda aprovechaba la corriente del Orvanne para producir harina y el edificio siguió en funcionamiento durante varios siglos, llegando incluso a fabricar clandestinamente harina para pan durante la Segunda Guerra Mundial. Restaurado a partir de los años 60, hoy alberga un hotel-restaurante de seis habitaciones, con una terraza junto al río.
Al volver hacia la iglesia de Notre-Dame-de-Pitié, construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, no te olvides de levantar la vista. Su veleta no solo representa el típico gallo: también aparece una cabeza de cerdo. Según una leyenda local, esto recordaría la negativa de los vecinos a ayudar a un pueblo cercano afectado por la peste negra. Al parecer, el obispo condenó entonces a los habitantes de Flagi a conservar ese símbolo en su iglesia. Una historia imposible de verificar, claro, ¡pero que pone un buen broche final a la visita a este pueblo!