Miembro de la red oficial de los Pueblos Más Bonitos de España, Albarracín se construyó alrededor de un espolón rocoso, sobre un meandro del Guadalaviar, en la provincia de Teruel. Sus fachadas de color ocre y rosado, sus balcones de madera y sus casas apiñadas lo convierten en una idea estupenda para una escapada desde París.
Albarracín, un pueblo medieval rodeado de murallas

La Plaza Mayor es un buen punto de partida para llegar a la Casa de la Julianeta, una de las casas más fotografiadas del pueblo. Su estructura irregular resume bien la arquitectura local, adaptada a las calles estrechas y a un terreno especialmente empinado. Si sigues hacia la catedral del Salvador, construida en el siglo XVI, el recorrido gana altura rápidamente.
Al subir hacia las murallas, las fortificaciones siguen la cresta por encima de los tejados y ofrecen unas vistas del pueblo, el valle y los relieves de la sierra. El camino tiene tramos empinados y escalones irregulares: ¡así que es imprescindible llevar buen calzado! Desde las torres también se entiende por qué este lugar, protegido por la roca y el río, acogió a una pequeña taifa independiente en el siglo XI.
Una escapada por la naturaleza entre el Guadalaviar y los Pinares de Rodeno

Después de visitar las murallas, un sendero fluvial bordea el Guadalaviar y rodea Albarracín por la parte baja, con varias pasarelas y diferentes miradores desde los que se ven las casas suspendidas sobre el cañón.
A pocos kilómetros, los Pinares de Rodeno alargan la escapada por un paisaje de pinos y arenisca roja. El espacio protegido cuenta con senderos, miradores y refugios decorados con pinturas rupestres. Así que Albarracín es ideal tanto para un día intenso como para un fin de semana que combine patrimonio y senderismo, lejos de las rutas más clásicas.
Lugar: Albarracín, provincia de Teruel, 44100, España