Con sus 22 metros de altura y su rostro cubierto de miles de espejos, Le Cyclop es probablemente una de las obras más sorprendentes de Île-de-France. Escondida en el bosque de Milly-la-Forêt desde los años 90, esta inmensa cabeza imaginada por Jean Tinguely atrae cada año a miles de visitantes curiosos por descubrir este monumento artístico fuera de lo común.
Una escultura fuera de lo común a un paso de París
Situado en los bosques de Milly-la-Forêt, en Essonne, este monstruo de acero mide casi 22,5 metros de altura y pesa unas 350 toneladas. Desde lejos, parece una escultura monumental. En realidad, es mucho más que eso: Le Cyclop es también un museo, un laberinto y una gigantesca máquina artística escondida en medio del bosque.
La historia del lugar es casi tan fascinante como la propia obra. Todo comienza en 1969, cuando el artista suizo Jean Tinguely decide construir en secreto esta cabeza gigante con la ayuda de Niki de Saint Phalle y una quincena de amigos artistas. Durante veinticinco años, la obra fue avanzando discretamente en el bosque. Cada uno aportó su granito de arena, sus ideas y sus creaciones, convirtiendo al Cíclope en una obra colectiva única en la historia del arte contemporáneo.
Lo que llama la atención de inmediato es su fachada cubierta de espejos, ideada por Niki de Saint Phalle. Los reflejos captan la luz y hacen que el gigante casi desaparezca en su entorno. Según la hora del día o la estación, el Cyclop cambia constantemente de aspecto, fundiéndose con el follaje o brillando al sol.

En el interior, una vez atravesada la pesada puerta, los visitantes descubren un universo completamente alocado: escaleras imposibles, esculturas sonoras, teatro en miniatura, engranajes metálicos, máquinas animadas e instalaciones artísticas se suceden en varios niveles. Por todas partes están presentes el humor, la poesía y el gusto por el reciclaje, tan queridos por Tinguely.
La obra alberga, entre otras cosas, una gigantesca Méta-Harmonie, una máquina compuesta por ruedas, motores y bolas metálicas que poco a poco ponen en movimiento todo el Cyclop. La oreja gigante se balancea, los mecanismos cobran vida y el monstruo parece cobrar vida de repente.
Durante años, la construcción se desarrolló lejos de las miradas, con un espíritu de total libertad. Los artistas trabajaban con materiales recuperados, piezas metálicas encontradas aquí y allá y una buena dosis de imaginación.
A menos de una hora de París, esta cabeza gigante escondida en el bosque sigue siendo una de las escapadas más insólitas de la región. Una obra monumental, extraña y fascinante, que por lo general no se olvida después de haberla visto por primera vez.