Detrás de las placas azules de algunas calles parisinas se esconden historias que, en ocasiones, la decencia ha intentado borrar. La calle del Pélican, situada en el distrito 1, a un paso del Louvre, es el ejemplo más llamativo. En la Edad Media, bajo el reinado del rey San Luis, esta pequeña calle estaba reservada a la prostitución y llevaba el nombre muy explícito de «rue du Poil-au-con». No fue hasta el siglo XIX cuando su nombre se suavizó fonéticamente para convertirse en la actual «rue du Pélican».
En el barrio del Marais se produjo una evolución semántica parecida. La calle del Petit-Musc, en el distrito 4, debe su nombre a una expresión del francés antiguo mucho más cruda: «put-y-musse», que significa literalmente «donde se esconde la prostituta». Al igual que la calle del Pélican, esta vía formaba parte de las zonas donde la prostitución era legal en la época de San Luis.
De los asesinos a los campos de coles
Otras calles de la capital dan testimonio de los peligros o de la geografía de la época medieval. También en el distrito 4, la brevísima calle de los Mauvais-Garçons guarda el recuerdo de una banda de matones que se había instalado allí. Estos delincuentes extorsionaban sistemáticamente a los transeúntes que se atrevían a aventurarse por allí. Hoy en día, el antiguo callejón peligroso ha dado paso a una calle tranquila donde hay, entre otras cosas, una pastelería.
Más al norte, en el distrito 3, la calle del Pont-aux-Choux recuerda, por su parte, la topografía original de la zona. En la época en que el Marais hacía honor a su nombre de «pantano», en ese lugar concreto había un pequeño puente. Servía para cruzar los arroyos y atravesar los campos de coles que cubrían la zona. Hoy en día, el asfalto y los badenes han sustituido definitivamente a la antigua estructura y a sus cultivos.