Tras su fachada del distrito 7, una brasserie histórica que data de la década de 1860 ha iniciado su transformación, replanteándose su enfoque bajo el impulso de una dirección familiar. Se acabaron las malas críticas: el local demuestra con el ejemplo que la reputación se gana primero en la mesa.
Un renacimiento culinario contra el algoritmo
Le Tourville arrastraba una mala reputación con una antigua media de 3,8 estrellas en Internet. Tras ser adquirido por un padre y su hijo, decididos a devolverle el prestigio al local, el establecimiento se topó con un muro. «Solicitamos un reinicio, pero el señor Google nos lo denegó», explica el propietario. Ante esta negativa, el equipo decidió darle la vuelta a la situación directamente en el comedor. La estrategia se basa en una acogida atenta, encarnada sobre todo por el camarero Patrick, y una carta pensada para satisfacer a una clientela de habituales.
En la mesa, los entrantes oscilan entre ostras, salmón y rollitos crujientes, mientras que los platos principales incluyen un tartar de ternera, un aligot cremoso o un lenguado a la meunière acompañado de patatas fritas.
La transformación del local va mucho más allá de la cocina. El interior se puso en manos del decorador Jacques Garcia, quien vistió el comedor con tonos rosas y dorados. Este ambiente acogedor se presta especialmente a degustar los postres de la casa, como el imponente profiterol de chocolate. En el exterior, una gran terraza te permite sentarte a la mesa en los días soleados de la capital.
Pero el principal atractivo del restaurante se esconde en la planta superior. Al pedir una mesa concreta, los clientes descubren unas vistas directas a la Torre Eiffel. Un detalle singular que le da un toque totalmente diferente a un almuerzo parisino.
📍 Brasserie Le Tourville, 1 place de l’École Militaire, 75007 París