Miles de personas pasan cada día por delante del Moulin Rouge sin imaginar lo que hay justo detrás. Entre los turistas que fotografían las famosas alas rojas y los parisinos que suben por el bulevar de Clichy, pocos se fijan en la estrecha entrada que hay en el número 94. Sin embargo, es aquí donde empieza una de las callejuelas sin salida más sorprendentes de la capital: la Cité Véron.
Una callejuela escondida en medio del bullicio parisino
Con apenas unas decenas de metros de longitud, esta pequeña calle peatonal parece casi fuera del tiempo. Por un lado, Pigalle, con sus luces de neón y su ajetreo constante. Por el otro, un callejón tranquilo bordeado de edificios discretos donde lo que más se oye son las conversaciones de los vecinos y el canto de los pájaros.
La Cité Véron ocupa un lugar especial en la historia de Montmartre. Fue aquí donde Boris Vian se instaló en 1953. Un año más tarde, Jacques Prévert se convirtió en su vecino de rellano. Ambos artistas compartieron, entre otras cosas, una terraza con vistas a los tejados del Moulin Rouge, que con el tiempo se ha convertido en un pequeño pedazo de leyenda parisina. Aún hoy, una placa recuerda su presencia en este callejón sin salida por el que muchos pasan sin conocer su pasado.
Desde hace unos años, hay otro lugar que contribuye a dar a conocer este callejón sin salida. Subiendo por una discreta escalera, se llega al Bar à Bulles, un local situado encima de La Machine du Moulin Rouge. Escondida tras las alas del famoso cabaret, esta azotea se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados del barrio.

Entre la luminosa cristalera, las plantas, los grandes ventanales y la terraza ajardinada, cuesta imaginar que estés a solo unos metros de uno de los cruces más transitados de París.
El lugar atrae tanto por su entorno como por su programación. Brunchs, conciertos íntimos, proyecciones al aire libre y eventos culturales se suceden allí a lo largo de todo el año. Cada verano, su cine al aire libre figura , además, entre las citas más apreciadas por los amantes de las azoteas parisinas.
Al fin y al cabo, la Cité Véron resume bastante bien lo que hace que París sea tan encantadora. Detrás de una fachada mundialmente famosa se esconde un lugar mucho más discreto, donde la historia literaria se da la mano con una de las azoteas más agradables de la capital. Un paréntesis inesperado en el corazón de uno de los barrios más animados de la ciudad.
📍Cité Véron, 75018